La extraña vida silvestre antártica

El clima, el hielo y la distancia hacen que la flora y la fauna sean relativamente pobres y se encuentren concentradas en las áreas donde no hay hielo. La vida silvestre posee adaptaciones que les permite vivir en un ambiente tan inhóspito como la Antártida. La particularidad y el principal valor de estas especies residen en su abundancia y en el alto grado de endemismo, es decir, que habitan casi con exclusividad en la Antártida.

El camino al continente blanco es un paisaje único en el mundo. Mares, glaciares, fiordos, témpanos, picos de montaña con un fondo blanco. Ese ambiente contiene una variedad de vida silvestre adaptada a condiciones extremas. El clima, el hielo y la distancia hacen que la flora y la fauna antárticas sean relativamente pobres y se encuentren concentradas en las áreas costeras y marinas. Si bien la biota es pobre en número de especies, la particularidad y el principal valor de estas especies residen en su abundancia y en el alto grado de endemismo, es decir, que habitan casi con exclusividad en la antártida.

Lo que el visitante observa y conoce en la travesía Antártica es único.

Relatos de extraña vida silvestre han sido documentados a través de narraciones de exploradores y expediciones científicas. Estos animales, plantas, bacterias y hongos viven en condiciones tan inhóspitas que han tenido que desarrollar adaptaciones maravillosas. Algunas migran durante el invierno, otras lo toleran y otras duermen hasta la llegada de la primavera. Todos estos organismos han fascinado a los visitantes, tanto por su simple belleza como por la maravilla científica que representan.

El medio terrestre

Más del 99 % de la superficie del continente antártico está cubierta por hielo, esta limitación en la disponibilidad de tierra sumado al aislamiento, conducen a que el desarrollo de organismos vegetales y animales sea muy limitado.

Los sectores libres de hielo, se localizan principalmente en la franja costera, como por ejemplo el norte de la Península Antártica. Es en estos sectores donde se registra la mayor variedad de organismos, que incluyen musgos, líquenes, hongos, protozoos, insectos, ácaros y algunos otros grupos animales.

Los lagos, que se congelan durante el invierno y se descongelan en verano, albergan numerosas especies de algas microscópicas, protozoos y crustáceos.

La flora está representada por líquenes, musgos, algas, hongos y dos especies de plantas vasculares, es decir que poseen flor y que habitan exclusivamente en la Península. El primer inventario de vida vegetal terrestre de la Antártida fue realizado por el naturalista británico James Hookeren en 1.841, quien describió un total de 18 especies. Esta lista en la actualidad incluye cientos de especies, aunque es reducida en relación a la cantidad de especies en ecosistemas más templados. Se estima que hay alrededor de 700 especies de algas que viven entre las rocas o debajo de ellas. Algunas tapizan los suelos próximos a las colonias de aves, otras (alrededor de 250 especies) se han adaptado a vivir sobre el hielo.

Entre los organismos terrestres, están los líquenes, que son organismos complejos ya que forman una asociación simbiótica entre un alga y un hongo, donde ambos organismos reciben beneficios, y ninguno de ellos es capaz de vivir independientemente. El hongo provee refugio, colecta humedad y nutrientes, mientras que el alga produce azúcares a través del proceso de fotosíntesis. Según la forma que adquiere el cuerpo del líquen pueden clasificarse en: foliosos, poseen láminas lobuladas que parecen hojas; crustáceos, crecen como costras, pegados al sustrato; y fructicosos, tienen un eje, alrededor del cual crecen en sentido vertical, pueden ser péndulos o erectos. En Antártida se han encontrado 380 especies, crecen sobre las rocas o próximos a colonias de aves. Su importancia radica en que son “especies pioneras” ya que son los primeros en aparecer luego del retroceso de un glaciar, y continuar con el proceso de sucesión. Los líquenes liberan un ácido que destruye la roca y la convierte en suelo, permitiendo la llegada de otras especies menos resistentes. Algunas especies son capaces de realizar fotosíntesis a temperaturas tan bajas como -17ºC. El crecimiento, en estas latitudes, es muy lento, menos de 1 cm en 100 años.

Entre las plantas propiamente dichas, se encuentran los musgos, que son plantas primitivas ya que carecen de un sistema vascular, y tienen un cuerpo que se denomina talo, ya que no se diferencia en raíz, tallo y hojas. Hay alrededor de 200 especies en la Antártida, concentradas en la Península Antártica, aunque unas pocas pueden crecer en los 84ºS. Los musgos crecen muy unidos entre sí para protegerse del frío, se las puede reconocer porque se asemejan a “alfombras de terciopelo”. De las plantas vasculares, como ya se dijo, hay solo 2 especies autóctonas y dos introducidas. Es probable que el incremento de la presencia humana contribuya a un aumento en el número de especies si no somos cuidadosos.

De  los animales terrestres, solo es posible encontrar invertebrados que pudieron sobrevivir a las condiciones inhóspitas ya que la mayoría son parásitos de animales de sangre caliente como las aves (45 de las 67 especies de insectos y la mayoría de las 528 especies de ácaros). Con pocos milímetros de largo los colémbolos son insectos primitivos, que no se comportan como parásitos; viven agrupados en áreas húmedas y frías debajo de las rocas, pueden vivir hasta tres años y se alimentan de hongos, algas y líquenes. Otro insecto que es posible observar es el jején sin alas, es como una mosca sin alas. Los colémbolos, jejenes y ácaros tienen proteínas anticongelantes dentro de sus cuerpos lo que les permite pasar los crudos inviernos sin congelarse.

El sistema marino

El ecosistema marino al ser más estable que el terrestre es el que contiene la mayor diversidad y complejidad. Durante el verano austral, el Océano Austral es el más productivo sobre la tierra y se debe a una combinación entre las aguas surgentes y las bajas temperaturas del agua. En este sentido, las aguas surgentes traen nutrientes desde el fondo marino a la superficie, mientras que las bajas temperaturas producen mayor transporte de oxígeno (en relación a aguas más cálidas). Estas condiciones favorecen el desarrollo de la vida, tanto para los primeros eslabones de las cadenas tróficas (algas) como para los grandes mamíferos (orcas).

Los habitantes permanentes del oceánicos Austral, pueden clasificarse en tres grupos de acuerdo al hábitat en que se desarrollan: plancton, necton y bentos. El plancton incluye a los organismos que habitan en la capa de agua superficial, y su capacidad de desplazamiento no resulta suficiente para oponerse a las corrientes marinas, por lo que terminan siendo transportados por los movimientos del agua. Incluye desde organismos microscópicos (bacterias, algas unicelulares y protozoos) hasta organismos detectables a simple vista (diversos crustáceos, copépodos y salpas).

Un valioso componente del plancton y clave en la trama trófica del océano austral, es el kril, ya que constituye el principal alimento de aves, focas y ballenas. El kril, está representado por un grupo de pequeños crustáceos (7 especies) que miden entre 1 y 6 cm de largo. La formación de anual de hielo marino es indispensable para su supervivencia, ya que busca refugio y alimento (fitoplancton) debajo de la costra de hielo durante el invierno. El kril es un valioso recurso no solo para los gigantes del mar que llegan los todos los veranos para alimentarse de él, sino también para el humano. En la década de 1.970 comenzó la captura comercial de kril, poniendo en riesgo todo el ecosistema marino, ya que es rica en proteínas pero también en flúor que es muy tóxico para los humanos. Para que sea apto para el consumo humano debe ser procesado rápidamente. En 1.993 la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos limitó la pesca comercial de este crustáceo para asegurar la preservación de los recursos vivos del Océano Austral. En la actualidad, Corea del Sur, Japón, Ucrania y Polonia son las únicas naciones más involucradas en la pesca de kril.

Los animales que tienen la capacidad de oponerse al movimiento de las corrientes marinas, constituyen el necton, incluye a los nadadores activos, como peces, pingüinos y mamíferos marinos. Aunque, se han encontrado 72 especies de calamares y 300 especies de peces, la mayoría de las especies que habitan en el océano austral siguen siendo desconocidas para el hombre. Dos especies alto valor comercial son el bacalao antártico (Dissostichus mawsoni) y la merluza negra patagónica (D. eleginoides). Los peces antárticos tienen importantes adaptaciones fisiológicas que les permiten sobrevivir a las bajas temperaturas y altas presiones, gracias a que tienen unas proteínas que funcionan como anticongelantes. Otros, no poseen hemoglobina y son conocidos como peces de hielo; o carecen de vejiga natatoria (órgano que regula la flotabilidad) y están adaptados para vivir asociados al fondo marino, tanto en aguas costeras como profundas.

Por último, se encuentra el bentos, grupo de organismos que dependen del fondo marino para su supervivencia y que pueden vivir a muy distintas profundidades. Entre los organismos bentónicos más comunes se encuentran las macroalgas, los moluscos bivalvos, los erizos y las estrellas de mar, los nemertinos y algunos peces. La distribución de estos organismos depende de las características del suelo, que puede ser rocoso o arenoso. Una particularidad que presentan algunas esponjas, crustáceos y arañas bentónicas antárticas es el gigantismo.

Por otra parte, las zonas costeras albergan ecosistemas únicos y muy importantes, con un alto número de aves y mamíferos, cuya alimentación, en forma directa o indirecta, dependen del krill. Para evitar las inclemencias del clima antártico muchas especies de aves y mamíferos marinos migra durante el invierno austral, siendo muy pocas verdaderamente endémicas, un ejemplo es el pingüino emperador.

Aves

Cada verano llegan 200 millones de aves a reproducirse o a alimentarse en la Antártida, de las cuales el 65% son pingüinos. Los pingüinos son la especie emblemática del continente blanco, a pesar de ser aves, no vuelan y son excelentes nadadores y buceadores ya que pasan la mayor parte de su ciclo de vida en el agua. Sus alas se han convertido en aletas rígidas que utilizan para impulsarse a nadar en el océano, las patas y la cola funcionan como timón y las plumas forman una superficie impermeable al agua y al viento. Sus cuerpos están cubiertos por una gruesa capa de grasa que les brinda aislación térmica y además les sirve de reserva de energía, como sucede con los mamíferos antárticos. Todas las especies de pingüinos habitan en el hemisferio sur y están asociados a las corrientes de aguas frías. En Antártida encontramos 7 especies de pingüinos, los más conocidos son: Pingüino Emperador, pingüino de Adelia, Pingüino de Barbijo y Pingüino de Papúa. Cada primavera llegan al continente blanco para construir sus nidos o reacondicionar los existentes y reproducirse. En general, son padres muy atentos donde machos y hembras comparten el trabajo de la crianza de los pichones con igual responsabilidad. Los padres alimentan a sus hijos por regurgitación directa dentro de sus picos. Dado que dependen del ambiente marino para su alimentación, en su mayoría nidifican en las proximidades de la costa. El pingüino emperador, es la única especie que anida en invierno, sobre el blanco manto del continente antártico.

En relación a las aves voladoras, los albatros han sido protagonistas de leyendas debido a su vuelo errante incluso con fuertes vientos. Los marineros creían que las almas de aquellos hombres de mar que se perdían en el océano se reencarnaban en estas grandiosas aves, y matarlas les traería mala fortuna. De esta manera los albatros fueron protegidos y raramente dañados. En los últimos años esta protección ya no existe debido a las actividades comerciales del hombre y a la contaminación de los mares. Los esfuerzos de protección están dirigidos a cambiar los hábitos de pesca. Al igual que los albatros sus parientes, los petreles, son gregarios y pasan la mayor parte de la vida en el mar, excepto en la temporada reproductiva, que se acercan a las costas. Los petreles se identifican fácilmente por el doble tubo sobre el pico, lo que les otorga de un poderoso sentido del olfato. Otras especies de aves de menor tamaño, como las gaviotas, paíños, cormoranes, etc. suelen verse sobrevolando el océano, posados sobre los hielos o alimentando a sus pichones en las costas.

Mamíferos

Los mamíferos marinos que llegan a la Antártida, poseen asombrosas adaptaciones a las rigurosas condiciones ambientales. El grupo de los pinnípedos, que está integrado por focas y lobos marinos, pasan la mayor parte de su vida en el agua, pero deben salir para parir a sus crías y cambiar el pelaje en terreno firme. El lobo marino de dos pelos antárticos (Arctocephalus gazella) es la única especie endémica de estas aguas frías. Los lobos marinos, en general, se reconocen porque tienen el pabellón auricular externo (orejas) y pueden “caminar” sobre la tierra apoyándose en sus aletas posteriores. Hay cinco especies de focas que viven en aguas que rodean a la Antártida, y se diferencian del lobo marino porque no tienen orejas y se arrastran sobre el suelo con todo su cuerpo. Otra diferencia es que en las focas machos los testículos no se ven porque están protegidos dentro del cuerpo, mientras que los lobos marinos lo exhiben en el saco escrotal externo.

Los pinnípedos paren una cría, que es amamantada durante un corto periodo sobre la tierra o el hielo. Los lobos y elefantes marinos son los únicos que forman harenes, es decir un macho reproductor cuida de sus hembras y copula con todas ellas.

Por otra parte, los cetáceos son un grupo de mamíferos, que por sus costumbres y dimensiones atrae la atención de muchos turistas y científicos. A diferencia de los pinnípedos nunca dejan el agua. De las 88 especies de cetáceos que existen en el mundo, 37 frecuentan el océano Austral. Las ballenas y delfines tienen una gruesa capa de grasa, que les permite mantener la temperatura corporal, en algunos casos hasta 30 cm de espesor. Los cetáceos paren una cría, que es amamantada durante varios meses con una leche altamente densa y rica en grasa; la leche es eliminada a chorros de los pezones, y para que no se disuelva en el agua tienen una consistencia similar a la pasta dental. Este mecanismo evita que el cachorro trague exceso de agua marina mientras se alimenta.

Tristemente, el descubrimiento de la Antártida está relacionado con el comercio de piel y grasa de los grandes mamíferos marinos. Entre los años 1.800 y 1.900 algunas especies de ballenas fueron intensamente cazadas antes del descubrimiento de la electricidad, ya que se usaba su grasa como fuente de energía lumínica. La industria peletera, llevó a una situación similar a las poblaciones de lobos y elefantes marinos, ya que fueron completamente destruidas por comerciantes y cazadores de todo el mundo atraídos por la grasa y piel. Esta destrucción ha llevado, que en la actualidad, todas las especies antárticas estén protegidas, y desde entonces se observa una lenta recuperación.

La extraña vida silvestre antártica

El clima, el hielo y la distancia hacen que la flora y la fauna sean relativamente pobres y se encuentren concentradas en las áreas donde no hay hielo. La vida silvestre posee adaptaciones que les permite vivir en un ambiente tan inhóspito como la Antártida. La particularidad y el principal valor de estas especies residen en su abundancia y en el alto grado de endemismo, es decir, que habitan casi con exclusividad en la Antártida.

El camino al continente blanco es un paisaje único en el mundo. Mares, glaciares, fiordos, témpanos, picos de montaña con un fondo blanco. Ese ambiente contiene una variedad de vida silvestre adaptada a condiciones extremas. El clima, el hielo y la distancia hacen que la flora y la fauna antárticas sean relativamente pobres y se encuentren concentradas en las áreas costeras y marinas. Si bien la biota es pobre en número de especies, la particularidad y el principal valor de estas especies residen en su abundancia y en el alto grado de endemismo, es decir, que habitan casi con exclusividad en la antártida.

Lo que el visitante observa y conoce en la travesía Antártica es único.

Relatos de extraña vida silvestre han sido documentados a través de narraciones de exploradores y expediciones científicas. Estos animales, plantas, bacterias y hongos viven en condiciones tan inhóspitas que han tenido que desarrollar adaptaciones maravillosas. Algunas migran durante el invierno, otras lo toleran y otras duermen hasta la llegada de la primavera. Todos estos organismos han fascinado a los visitantes, tanto por su simple belleza como por la maravilla científica que representan.

El medio terrestre

Más del 99 % de la superficie del continente antártico está cubierta por hielo, esta limitación en la disponibilidad de tierra sumado al aislamiento, conducen a que el desarrollo de organismos vegetales y animales sea muy limitado.

Los sectores libres de hielo, se localizan principalmente en la franja costera, como por ejemplo el norte de la Península Antártica. Es en estos sectores donde se registra la mayor variedad de organismos, que incluyen musgos, líquenes, hongos, protozoos, insectos, ácaros y algunos otros grupos animales.

Los lagos, que se congelan durante el invierno y se descongelan en verano, albergan numerosas especies de algas microscópicas, protozoos y crustáceos.

La flora está representada por líquenes, musgos, algas, hongos y dos especies de plantas vasculares, es decir que poseen flor y que habitan exclusivamente en la Península. El primer inventario de vida vegetal terrestre de la Antártida fue realizado por el naturalista británico James Hookeren en 1.841, quien describió un total de 18 especies. Esta lista en la actualidad incluye cientos de especies, aunque es reducida en relación a la cantidad de especies en ecosistemas más templados. Se estima que hay alrededor de 700 especies de algas que viven entre las rocas o debajo de ellas. Algunas tapizan los suelos próximos a las colonias de aves, otras (alrededor de 250 especies) se han adaptado a vivir sobre el hielo.

Entre los organismos terrestres, están los líquenes, que son organismos complejos ya que forman una asociación simbiótica entre un alga y un hongo, donde ambos organismos reciben beneficios, y ninguno de ellos es capaz de vivir independientemente. El hongo provee refugio, colecta humedad y nutrientes, mientras que el alga produce azúcares a través del proceso de fotosíntesis. Según la forma que adquiere el cuerpo del líquen pueden clasificarse en: foliosos, poseen láminas lobuladas que parecen hojas; crustáceos, crecen como costras, pegados al sustrato; y fructicosos, tienen un eje, alrededor del cual crecen en sentido vertical, pueden ser péndulos o erectos. En Antártida se han encontrado 380 especies, crecen sobre las rocas o próximos a colonias de aves. Su importancia radica en que son “especies pioneras” ya que son los primeros en aparecer luego del retroceso de un glaciar, y continuar con el proceso de sucesión. Los líquenes liberan un ácido que destruye la roca y la convierte en suelo, permitiendo la llegada de otras especies menos resistentes. Algunas especies son capaces de realizar fotosíntesis a temperaturas tan bajas como -17ºC. El crecimiento, en estas latitudes, es muy lento, menos de 1 cm en 100 años.

Entre las plantas propiamente dichas, se encuentran los musgos, que son plantas primitivas ya que carecen de un sistema vascular, y tienen un cuerpo que se denomina talo, ya que no se diferencia en raíz, tallo y hojas. Hay alrededor de 200 especies en la Antártida, concentradas en la Península Antártica, aunque unas pocas pueden crecer en los 84ºS. Los musgos crecen muy unidos entre sí para protegerse del frío, se las puede reconocer porque se asemejan a “alfombras de terciopelo”. De las plantas vasculares, como ya se dijo, hay solo 2 especies autóctonas y dos introducidas. Es probable que el incremento de la presencia humana contribuya a un aumento en el número de especies si no somos cuidadosos.

De  los animales terrestres, solo es posible encontrar invertebrados que pudieron sobrevivir a las condiciones inhóspitas ya que la mayoría son parásitos de animales de sangre caliente como las aves (45 de las 67 especies de insectos y la mayoría de las 528 especies de ácaros). Con pocos milímetros de largo los colémbolos son insectos primitivos, que no se comportan como parásitos; viven agrupados en áreas húmedas y frías debajo de las rocas, pueden vivir hasta tres años y se alimentan de hongos, algas y líquenes. Otro insecto que es posible observar es el jején sin alas, es como una mosca sin alas. Los colémbolos, jejenes y ácaros tienen proteínas anticongelantes dentro de sus cuerpos lo que les permite pasar los crudos inviernos sin congelarse.

El sistema marino

El ecosistema marino al ser más estable que el terrestre es el que contiene la mayor diversidad y complejidad. Durante el verano austral, el Océano Austral es el más productivo sobre la tierra y se debe a una combinación entre las aguas surgentes y las bajas temperaturas del agua. En este sentido, las aguas surgentes traen nutrientes desde el fondo marino a la superficie, mientras que las bajas temperaturas producen mayor transporte de oxígeno (en relación a aguas más cálidas). Estas condiciones favorecen el desarrollo de la vida, tanto para los primeros eslabones de las cadenas tróficas (algas) como para los grandes mamíferos (orcas).

Los habitantes permanentes del oceánicos Austral, pueden clasificarse en tres grupos de acuerdo al hábitat en que se desarrollan: plancton, necton y bentos. El plancton incluye a los organismos que habitan en la capa de agua superficial, y su capacidad de desplazamiento no resulta suficiente para oponerse a las corrientes marinas, por lo que terminan siendo transportados por los movimientos del agua. Incluye desde organismos microscópicos (bacterias, algas unicelulares y protozoos) hasta organismos detectables a simple vista (diversos crustáceos, copépodos y salpas).

Un valioso componente del plancton y clave en la trama trófica del océano austral, es el kril, ya que constituye el principal alimento de aves, focas y ballenas. El kril, está representado por un grupo de pequeños crustáceos (7 especies) que miden entre 1 y 6 cm de largo. La formación de anual de hielo marino es indispensable para su supervivencia, ya que busca refugio y alimento (fitoplancton) debajo de la costra de hielo durante el invierno. El kril es un valioso recurso no solo para los gigantes del mar que llegan los todos los veranos para alimentarse de él, sino también para el humano. En la década de 1.970 comenzó la captura comercial de kril, poniendo en riesgo todo el ecosistema marino, ya que es rica en proteínas pero también en flúor que es muy tóxico para los humanos. Para que sea apto para el consumo humano debe ser procesado rápidamente. En 1.993 la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos limitó la pesca comercial de este crustáceo para asegurar la preservación de los recursos vivos del Océano Austral. En la actualidad, Corea del Sur, Japón, Ucrania y Polonia son las únicas naciones más involucradas en la pesca de kril.

Los animales que tienen la capacidad de oponerse al movimiento de las corrientes marinas, constituyen el necton, incluye a los nadadores activos, como peces, pingüinos y mamíferos marinos. Aunque, se han encontrado 72 especies de calamares y 300 especies de peces, la mayoría de las especies que habitan en el océano austral siguen siendo desconocidas para el hombre. Dos especies alto valor comercial son el bacalao antártico (Dissostichus mawsoni) y la merluza negra patagónica (D. eleginoides). Los peces antárticos tienen importantes adaptaciones fisiológicas que les permiten sobrevivir a las bajas temperaturas y altas presiones, gracias a que tienen unas proteínas que funcionan como anticongelantes. Otros, no poseen hemoglobina y son conocidos como peces de hielo; o carecen de vejiga natatoria (órgano que regula la flotabilidad) y están adaptados para vivir asociados al fondo marino, tanto en aguas costeras como profundas.

Por último, se encuentra el bentos, grupo de organismos que dependen del fondo marino para su supervivencia y que pueden vivir a muy distintas profundidades. Entre los organismos bentónicos más comunes se encuentran las macroalgas, los moluscos bivalvos, los erizos y las estrellas de mar, los nemertinos y algunos peces. La distribución de estos organismos depende de las características del suelo, que puede ser rocoso o arenoso. Una particularidad que presentan algunas esponjas, crustáceos y arañas bentónicas antárticas es el gigantismo.

Por otra parte, las zonas costeras albergan ecosistemas únicos y muy importantes, con un alto número de aves y mamíferos, cuya alimentación, en forma directa o indirecta, dependen del krill. Para evitar las inclemencias del clima antártico muchas especies de aves y mamíferos marinos migra durante el invierno austral, siendo muy pocas verdaderamente endémicas, un ejemplo es el pingüino emperador.

Aves

Cada verano llegan 200 millones de aves a reproducirse o a alimentarse en la Antártida, de las cuales el 65% son pingüinos. Los pingüinos son la especie emblemática del continente blanco, a pesar de ser aves, no vuelan y son excelentes nadadores y buceadores ya que pasan la mayor parte de su ciclo de vida en el agua. Sus alas se han convertido en aletas rígidas que utilizan para impulsarse a nadar en el océano, las patas y la cola funcionan como timón y las plumas forman una superficie impermeable al agua y al viento. Sus cuerpos están cubiertos por una gruesa capa de grasa que les brinda aislación térmica y además les sirve de reserva de energía, como sucede con los mamíferos antárticos. Todas las especies de pingüinos habitan en el hemisferio sur y están asociados a las corrientes de aguas frías. En Antártida encontramos 7 especies de pingüinos, los más conocidos son: Pingüino Emperador, pingüino de Adelia, Pingüino de Barbijo y Pingüino de Papúa. Cada primavera llegan al continente blanco para construir sus nidos o reacondicionar los existentes y reproducirse. En general, son padres muy atentos donde machos y hembras comparten el trabajo de la crianza de los pichones con igual responsabilidad. Los padres alimentan a sus hijos por regurgitación directa dentro de sus picos. Dado que dependen del ambiente marino para su alimentación, en su mayoría nidifican en las proximidades de la costa. El pingüino emperador, es la única especie que anida en invierno, sobre el blanco manto del continente antártico.

En relación a las aves voladoras, los albatros han sido protagonistas de leyendas debido a su vuelo errante incluso con fuertes vientos. Los marineros creían que las almas de aquellos hombres de mar que se perdían en el océano se reencarnaban en estas grandiosas aves, y matarlas les traería mala fortuna. De esta manera los albatros fueron protegidos y raramente dañados. En los últimos años esta protección ya no existe debido a las actividades comerciales del hombre y a la contaminación de los mares. Los esfuerzos de protección están dirigidos a cambiar los hábitos de pesca. Al igual que los albatros sus parientes, los petreles, son gregarios y pasan la mayor parte de la vida en el mar, excepto en la temporada reproductiva, que se acercan a las costas. Los petreles se identifican fácilmente por el doble tubo sobre el pico, lo que les otorga de un poderoso sentido del olfato. Otras especies de aves de menor tamaño, como las gaviotas, paíños, cormoranes, etc. suelen verse sobrevolando el océano, posados sobre los hielos o alimentando a sus pichones en las costas.

Mamíferos

Los mamíferos marinos que llegan a la Antártida, poseen asombrosas adaptaciones a las rigurosas condiciones ambientales. El grupo de los pinnípedos, que está integrado por focas y lobos marinos, pasan la mayor parte de su vida en el agua, pero deben salir para parir a sus crías y cambiar el pelaje en terreno firme. El lobo marino de dos pelos antárticos (Arctocephalus gazella) es la única especie endémica de estas aguas frías. Los lobos marinos, en general, se reconocen porque tienen el pabellón auricular externo (orejas) y pueden “caminar” sobre la tierra apoyándose en sus aletas posteriores. Hay cinco especies de focas que viven en aguas que rodean a la Antártida, y se diferencian del lobo marino porque no tienen orejas y se arrastran sobre el suelo con todo su cuerpo. Otra diferencia es que en las focas machos los testículos no se ven porque están protegidos dentro del cuerpo, mientras que los lobos marinos lo exhiben en el saco escrotal externo.

Los pinnípedos paren una cría, que es amamantada durante un corto periodo sobre la tierra o el hielo. Los lobos y elefantes marinos son los únicos que forman harenes, es decir un macho reproductor cuida de sus hembras y copula con todas ellas.

Por otra parte, los cetáceos son un grupo de mamíferos, que por sus costumbres y dimensiones atrae la atención de muchos turistas y científicos. A diferencia de los pinnípedos nunca dejan el agua. De las 88 especies de cetáceos que existen en el mundo, 37 frecuentan el océano Austral. Las ballenas y delfines tienen una gruesa capa de grasa, que les permite mantener la temperatura corporal, en algunos casos hasta 30 cm de espesor. Los cetáceos paren una cría, que es amamantada durante varios meses con una leche altamente densa y rica en grasa; la leche es eliminada a chorros de los pezones, y para que no se disuelva en el agua tienen una consistencia similar a la pasta dental. Este mecanismo evita que el cachorro trague exceso de agua marina mientras se alimenta.

Tristemente, el descubrimiento de la Antártida está relacionado con el comercio de piel y grasa de los grandes mamíferos marinos. Entre los años 1.800 y 1.900 algunas especies de ballenas fueron intensamente cazadas antes del descubrimiento de la electricidad, ya que se usaba su grasa como fuente de energía lumínica. La industria peletera, llevó a una situación similar a las poblaciones de lobos y elefantes marinos, ya que fueron completamente destruidas por comerciantes y cazadores de todo el mundo atraídos por la grasa y piel. Esta destrucción ha llevado, que en la actualidad, todas las especies antárticas estén protegidas, y desde entonces se observa una lenta recuperación.