Un viaje hacia el polo sur, Weddel

James Weddell como tantos otros navegantes, llegó a Tierra del Fuego siglos atrás, explorando nuevos rumbos y dejando registro de ello en crónicas y relatos. Este es un fragmento del libro “Un viaje hacia el Polo Sur” de Weddell.

Muchos navegantes llegaron a Tierra del Fuego siglos atrás, explorando nuevos rumbos y dejando registro de ello en crónicas y relatos. Este es el caso de James Weddell, nacido en 1787, quien, entre los años 1819 y 1821 comandó una expedición a las Shetland del Sur dedicada a la caza de lobos marinos. Tal fue su éxito, que emprendió un segundo viaje en 1822, en el que superó la línea más austral alcanzada por el capitán Cook. Esa marca le fue reconocida años más tarde, brindándole prestigio como navegante al punto que el  mar antártico llegó a ser conocido como “Mar de Weddell”.

En su libro “Un viaje hacia el Polo Sur” (Reedición, Eudeba, 2006, pág. 143), en referencia a su primer encuentro con integrantes del pueblo yagan, el navegante relata: “[…] los fueguinos no tardaron en llegar a distancia suficiente para ser oídos; y pronto se dieron a conocer mediante un ruido cantarín, acompañado de una variedad de gestos que luego me enteré eran símbolo de amistad. […]El asombro se evidenciaba en todas sus acciones y parecían tan agitados que durante un cuarto de hora completo continuaron parloteando […] remaron por delante y por detrás del barco, sin poder decidir, si el navío estaba muerto o vivo; cuando finalmente adquirieron más confianza, se acercaron por el lado de babor y dos de los hombres se animaron a subir a bordo. Debido a su muy miserable aspecto, pensé que el mejor servicio que prestarles era darles de comer y beber. Por lo tanto hice traer carne, pan y vino, de los cuales les convidé en grandes cantidades. Comieron un poco de carne, pero ni el buen vino de Madeira ni el pan les resultaron aceptables […] Pronto vi que cuidaban de mantener a sus mujeres en sus canoas […] no deje de invitar a las damas a beber un poco de vino que les di en una taza laqueada; y este utensilio les pareció tan maravillosamente fino que derramaron el vino al examinarla y retenerla astutamente […] al día siguiente la vi convertida en aproximadamente una docena de tiras colgadas al cuello de las mujeres”.

Este tipo de descripciones aparecen a lo largo de las páginas del libro que forma parte de la Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo, en la que se resguarda una serie de ejemplares antiguos.

Fuente: Biblioteca Especializada en Temáticas Regionales “Oscar Pablo Zanola”, Museo del Fin del Mundo, Maipú 173, Ushuaia. 

Un viaje hacia el polo sur, Weddel

James Weddell como tantos otros navegantes, llegó a Tierra del Fuego siglos atrás, explorando nuevos rumbos y dejando registro de ello en crónicas y relatos. Este es un fragmento del libro “Un viaje hacia el Polo Sur” de Weddell.

Muchos navegantes llegaron a Tierra del Fuego siglos atrás, explorando nuevos rumbos y dejando registro de ello en crónicas y relatos. Este es el caso de James Weddell, nacido en 1787, quien, entre los años 1819 y 1821 comandó una expedición a las Shetland del Sur dedicada a la caza de lobos marinos. Tal fue su éxito, que emprendió un segundo viaje en 1822, en el que superó la línea más austral alcanzada por el capitán Cook. Esa marca le fue reconocida años más tarde, brindándole prestigio como navegante al punto que el  mar antártico llegó a ser conocido como “Mar de Weddell”.

En su libro “Un viaje hacia el Polo Sur” (Reedición, Eudeba, 2006, pág. 143), en referencia a su primer encuentro con integrantes del pueblo yagan, el navegante relata: “[…] los fueguinos no tardaron en llegar a distancia suficiente para ser oídos; y pronto se dieron a conocer mediante un ruido cantarín, acompañado de una variedad de gestos que luego me enteré eran símbolo de amistad. […]El asombro se evidenciaba en todas sus acciones y parecían tan agitados que durante un cuarto de hora completo continuaron parloteando […] remaron por delante y por detrás del barco, sin poder decidir, si el navío estaba muerto o vivo; cuando finalmente adquirieron más confianza, se acercaron por el lado de babor y dos de los hombres se animaron a subir a bordo. Debido a su muy miserable aspecto, pensé que el mejor servicio que prestarles era darles de comer y beber. Por lo tanto hice traer carne, pan y vino, de los cuales les convidé en grandes cantidades. Comieron un poco de carne, pero ni el buen vino de Madeira ni el pan les resultaron aceptables […] Pronto vi que cuidaban de mantener a sus mujeres en sus canoas […] no deje de invitar a las damas a beber un poco de vino que les di en una taza laqueada; y este utensilio les pareció tan maravillosamente fino que derramaron el vino al examinarla y retenerla astutamente […] al día siguiente la vi convertida en aproximadamente una docena de tiras colgadas al cuello de las mujeres”.

Este tipo de descripciones aparecen a lo largo de las páginas del libro que forma parte de la Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo, en la que se resguarda una serie de ejemplares antiguos.

Fuente: Biblioteca Especializada en Temáticas Regionales “Oscar Pablo Zanola”, Museo del Fin del Mundo, Maipú 173, Ushuaia.