El bosque fueguino

Un tercio de la isla Grande se encuentra tapizada de antiguos bosques del género Nothofagus. Vení a descubrirlos!

Los bosques subantárticos es un diverso ecosistema sudamericano dominado por árboles del género Nothofagus. Se distribuyen sobre una angosta franja que se extiende a ambos lados de la cordillera de los Andes de Chile y Argentina. En Argentina, abarcan un área de apenas el 2% de la superficie del país, desde la provincia de Neuquén hasta la Isla de los Estados. En su parte más densa abarca un ancho máximo de 50 a 60 Km. La importancia de este ecosistema radica en que su flora está íntimamente asociada con la del este Australiano, Nueva Zelanda, Tasmania y Nueva Guinea.

La porción más austral de los bosques subantárticos se desarrollan en el archipiélago fueguino, consagrándose como el bosque más cercano a la Antártida. Un rasgo sorprendente de la vegetación que componen estos bosques, es su capacidad para vivir en condiciones sumamente rigurosas: una delgada capa de suelo (a veces no supera los 10 cm), pendientes abruptas, fuertes vientos con ráfagas de más de 100 km/h durante las tormentas, una temperatura media anual (en la zona de Ushuaia) de 5ºC y precipitaciones que varían entre los 300 y 800 mm.

Tres especies dominan el dosel arbóreo, la lenga (Nothofagus pumilio) y el ñire (Nothofagus antarctica) de follaje caduco, es decir que pierden sus hojas en otoño variando de verde oscuro a rojo y amarillo hasta que finalmente se caen con las primeras nevadas; y el guindo o coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides) de follaje perenne. Hay otras especies de árboles, pero son menos abundantes y frecuentes, como el canelo (Drimys winteri) y la leña dura (Maytenus magellanica). La especie sometida a aprovechamiento forestal es principalmente la lenga.

El tapiz boscoso se desarrolla sobre las laderas de las montañas hasta los 650 msnm aproximadamente, mientras que los valles suelen estar cubiertos de antiguas turberas. El porte de los árboles decrece con la altitud, formando un matorral intrincado y muy difícil de atravesar en el límite de bosques. Por esta forma de crecimiento, constituyen una excelente barrera contra las avalanchas.

Ciclo de regeneración de Nothofagus

Se dice que las especies del género Nothofagus son diclino-monoicas ya que cada individuo posee flores masculinas y femeninas en estructuras separadas. Cada primavera los árboles producen millones de pequeñas flores femeninas de color verdoso difíciles de ver, y otras tantas flores masculinas de color rosa-amarillo un poco más evidentes. La flor femenina en la lenga es solitaria, mientras que en el ñire y guindo están agrupadas de a tres.

El viento transporta el polen desde las flores masculinas a las femeninas. Si todo sale bien y el grano de polen llega a fecundar al ovario de la flor femenina comienza a desarrollarse el fruto con su semilla (llamado aquenio). Los Nothofagus tienen un sistema de auto-incompatibilidad, es decir que si una flor femenina recibe el polen de un individuo emparentado este desarrollará un fruto vacío (sin semilla).

El aquenio se parece a una pequeña nuez, en la lenga son oscuros, trialados y tienen un tamaño que alcanza un centímetro. En el ñire y el guido son más claros y pequeños (alrededor de 0,5 cm), además al encontrarse tres flores juntas, forman dos semillas trialadas laterales y una bialada central. Los frutos se desarrollan entre diciembre y febrero (verano en el hemisferio sur). Durante estos meses, la maduración debe superar eventos climáticos extremos y la predación de animales, como aves, que se alimentan de los frutos inmaduros que se encuentran en las copas. Los insectos, también aprovechan estos frutos altamente energéticos, para colocar sus larvas. En esta etapa la pérdida puede alcanzar el 50-60% del total, aunque es variable entre años.

Entre abril y mayo, con la llegada del otoño, los frutos son dispersados por la gravedad y el viento, quedando tapadas por un colchón de hojas que caen al final de la temporada. Esto les ayuda a atravesar el invierno. Antes de la llegada de la nieve y las heladas invernales algunas semillas son consumidas por aves y roedores.

Un año después, con la llegada de la nueva primavera las semillas que sobrevivieron, germinan, tapizando el suelo del bosque con estos pequeños retoños. De los miles de individuos que están en el suelo del bosque solo muy pocos llegarán a ser árboles adultos. En el caso del guindo, es una especie considerada tolerante a la sombra, por lo que los nuevos individuos pueden vivir muchos años (50-70 años) creciendo bajo la sombra de los árboles adultos.

Las ovejas y vacas dentro del bosque dañan a la regeneración debido al pisoteo y quiebre de las plantas jóvenes, y al consumo de los brotes nuevos cada temporada. El castor produce graves daños al bosque también, ya sea por el consumo directo de las plantas o por la tala de los árboles adultos para la construcción de los diques.

En resumen, sumando todos los factores la probabilidad que tiene una semilla en llegar a ser un árbol adulto es muy baja y varía entre las tres especies mencionadas. Se ha estimado que en el ñire varía entre 0,02-0,04%, mientras que en la lenga varía entre 0,25-1,5%. Es decir que fueron necesarias entre 2500 y 5000 flores femeninas de ñire y entre 100 a 400 flores de lenga para formar un árbol adulto. Además, estas especies tienen ciclos de alta producción de semillas, pero que puede variar con el lugar y los años.

El bosque fueguino

Un tercio de la isla Grande se encuentra tapizada de antiguos bosques del género Nothofagus. Vení a descubrirlos!

Los bosques subantárticos es un diverso ecosistema sudamericano dominado por árboles del género Nothofagus. Se distribuyen sobre una angosta franja que se extiende a ambos lados de la cordillera de los Andes de Chile y Argentina. En Argentina, abarcan un área de apenas el 2% de la superficie del país, desde la provincia de Neuquén hasta la Isla de los Estados. En su parte más densa abarca un ancho máximo de 50 a 60 Km. La importancia de este ecosistema radica en que su flora está íntimamente asociada con la del este Australiano, Nueva Zelanda, Tasmania y Nueva Guinea.

La porción más austral de los bosques subantárticos se desarrollan en el archipiélago fueguino, consagrándose como el bosque más cercano a la Antártida. Un rasgo sorprendente de la vegetación que componen estos bosques, es su capacidad para vivir en condiciones sumamente rigurosas: una delgada capa de suelo (a veces no supera los 10 cm), pendientes abruptas, fuertes vientos con ráfagas de más de 100 km/h durante las tormentas, una temperatura media anual (en la zona de Ushuaia) de 5ºC y precipitaciones que varían entre los 300 y 800 mm.

Tres especies dominan el dosel arbóreo, la lenga (Nothofagus pumilio) y el ñire (Nothofagus antarctica) de follaje caduco, es decir que pierden sus hojas en otoño variando de verde oscuro a rojo y amarillo hasta que finalmente se caen con las primeras nevadas; y el guindo o coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides) de follaje perenne. Hay otras especies de árboles, pero son menos abundantes y frecuentes, como el canelo (Drimys winteri) y la leña dura (Maytenus magellanica). La especie sometida a aprovechamiento forestal es principalmente la lenga.

El tapiz boscoso se desarrolla sobre las laderas de las montañas hasta los 650 msnm aproximadamente, mientras que los valles suelen estar cubiertos de antiguas turberas. El porte de los árboles decrece con la altitud, formando un matorral intrincado y muy difícil de atravesar en el límite de bosques. Por esta forma de crecimiento, constituyen una excelente barrera contra las avalanchas.

Ciclo de regeneración de Nothofagus

Se dice que las especies del género Nothofagus son diclino-monoicas ya que cada individuo posee flores masculinas y femeninas en estructuras separadas. Cada primavera los árboles producen millones de pequeñas flores femeninas de color verdoso difíciles de ver, y otras tantas flores masculinas de color rosa-amarillo un poco más evidentes. La flor femenina en la lenga es solitaria, mientras que en el ñire y guindo están agrupadas de a tres.

El viento transporta el polen desde las flores masculinas a las femeninas. Si todo sale bien y el grano de polen llega a fecundar al ovario de la flor femenina comienza a desarrollarse el fruto con su semilla (llamado aquenio). Los Nothofagus tienen un sistema de auto-incompatibilidad, es decir que si una flor femenina recibe el polen de un individuo emparentado este desarrollará un fruto vacío (sin semilla).

El aquenio se parece a una pequeña nuez, en la lenga son oscuros, trialados y tienen un tamaño que alcanza un centímetro. En el ñire y el guido son más claros y pequeños (alrededor de 0,5 cm), además al encontrarse tres flores juntas, forman dos semillas trialadas laterales y una bialada central. Los frutos se desarrollan entre diciembre y febrero (verano en el hemisferio sur). Durante estos meses, la maduración debe superar eventos climáticos extremos y la predación de animales, como aves, que se alimentan de los frutos inmaduros que se encuentran en las copas. Los insectos, también aprovechan estos frutos altamente energéticos, para colocar sus larvas. En esta etapa la pérdida puede alcanzar el 50-60% del total, aunque es variable entre años.

Entre abril y mayo, con la llegada del otoño, los frutos son dispersados por la gravedad y el viento, quedando tapadas por un colchón de hojas que caen al final de la temporada. Esto les ayuda a atravesar el invierno. Antes de la llegada de la nieve y las heladas invernales algunas semillas son consumidas por aves y roedores.

Un año después, con la llegada de la nueva primavera las semillas que sobrevivieron, germinan, tapizando el suelo del bosque con estos pequeños retoños. De los miles de individuos que están en el suelo del bosque solo muy pocos llegarán a ser árboles adultos. En el caso del guindo, es una especie considerada tolerante a la sombra, por lo que los nuevos individuos pueden vivir muchos años (50-70 años) creciendo bajo la sombra de los árboles adultos.

Las ovejas y vacas dentro del bosque dañan a la regeneración debido al pisoteo y quiebre de las plantas jóvenes, y al consumo de los brotes nuevos cada temporada. El castor produce graves daños al bosque también, ya sea por el consumo directo de las plantas o por la tala de los árboles adultos para la construcción de los diques.

En resumen, sumando todos los factores la probabilidad que tiene una semilla en llegar a ser un árbol adulto es muy baja y varía entre las tres especies mencionadas. Se ha estimado que en el ñire varía entre 0,02-0,04%, mientras que en la lenga varía entre 0,25-1,5%. Es decir que fueron necesarias entre 2500 y 5000 flores femeninas de ñire y entre 100 a 400 flores de lenga para formar un árbol adulto. Además, estas especies tienen ciclos de alta producción de semillas, pero que puede variar con el lugar y los años.