Los turbales fueguinos

Con una amplia variedad de colores y texturas las turberas son los humedales de origen glaciar típicos del fin del mundo. En Tierra del Fuego, está representado el 95% de este ecosistema en Argentina. Ocupan los fondos de valles emplazados entre los Andes Fueguinos y son antiguas lagunas formadas a partir del retroceso de glaciares, cuyo lecho fue llenado de arcillas y otros sedimentos.

Las Turberas ocupan grandes extensiones de Tierra del Fuego, representando el 95% de este ecosistema en Argentina. Es un tipo de humedal, generalmente de origen glaciar, que se produce por la acumulación de materia orgánica en cuencas lacustres. Ocupan los fondos de valles emplazados entre los Andes Fueguinos y representan antiguas lagunas formadas a partir del retroceso de glaciares, cuyo lecho fue llenado de arcillas y otros sedimentos. La variedad de colores y texturas de las superficies de las turberas son sumamente singulares.

Las condiciones bajo las que fueron formadas son singulares y están relacionados con bajas temperaturas, condiciones de anoxia (poco oxígeno), saturación de agua y escasa disponibilidad de nutrientes. Esta situación redujo drásticamente la actividad de microorganismos descomponedores como bacterias y hongos. De este modo, los musgos y otros organismos vegetales adaptados a vivir en tales condiciones no llegan a completar el mecanismo de putrefacción, acumulándose y sirviendo de sustrato a los nuevos seres. Turba es el nombre dado a la materia orgánica muerta en tales condiciones.

En algunos casos las lagunas no han sido completamente cubiertas por musgos y pueden verse espejos de agua que reflejan el color negro del fondo, como por ejemplo la laguna Negra del Parque Nacional Tierra del Fuego.

La condiciones de acidez y bajo contenido e nutrientes hace que las especies que crecen en este medio, posean adaptaciones que les permite tomar nutrientes de otras fuentes como es el caso del musgo Sphagnum que es capaz de vivir solo con los nutrientes aportados en las lluvias, o la planta carnívora Drosera, que se “alimenta” de insectos.

Los turbales aportan valiosa información sobre eventos climáticos pasados. Quedan muy pocos ambientes de estas características en el mundo, y están incluidos en la Convención sobre Humedales de Importancia Internacional (Ramsar). Además son importantes reguladores ecosistémicos. Son reservorio de carbono y agua. Contienen hasta 20 veces el volumen del agua almacenada en los glaciares de la isla.

Los turbales se clasifican según las plantas dominantes que los componen. Los más comunes se ubican en los grandes valles y están formados por Sphagnum magellanicum, que se destacan por la coloración rojiza. Están acompañados por Gaultheria pumila, Empetrum rubrum, Marsypospermum grandiflorumDrosera uniflora, entre otras plantas. En las turberas planas o minerotróficas, asociada principalmente a bosques de coigüe de magallanes, la especie dominante es Donatia fascicularis. Los turbales de carpeta son dominados por Astelia pumila, se ubican principalmente hacia el este de la estancia Moat, en Isla de los estado y en Malvinas. Además de especies vegetales, en la superficie de los turbales suele haber gran número de insectos, hongos y algas microscópicas.

La turba ha sido utilizada desde el siglo XII –principalmente en Europa– como combustible de alto poder calórico. A partir de 1930 se usó como sustrato de cultivos hortícolas intensivos. La turba formada por musgos del género Sphagnum es una de las más requeridas para ese propósito.

Además, se emplea como base sólida para inoculantes de leguminosas, absorbente de aceites industriales y de derrames de hidrocarburos, cama para cultivar hongos y como parte del manejo de acuarios. En las últimas dos décadas se le han encontrado nuevas aplicaciones.

Fuente: Borla y Vereda (2015) Explorando Tierra del Fuego. Manual del viajero en el Fin del Mundo. Editorial Utopías; Andrea Coronato, Claudio Roig, Jorge Rabassa, Juan Federico Ponce, Marilén Fernández (2014) Las turberas de Tierra del Fuego y el clima del pasado. Revista Ciencia Hoy Nº 137. Revista La Lupa 4: 2-7.

Los turbales fueguinos

Con una amplia variedad de colores y texturas las turberas son los humedales de origen glaciar típicos del fin del mundo. En Tierra del Fuego, está representado el 95% de este ecosistema en Argentina. Ocupan los fondos de valles emplazados entre los Andes Fueguinos y son antiguas lagunas formadas a partir del retroceso de glaciares, cuyo lecho fue llenado de arcillas y otros sedimentos.

Las Turberas ocupan grandes extensiones de Tierra del Fuego, representando el 95% de este ecosistema en Argentina. Es un tipo de humedal, generalmente de origen glaciar, que se produce por la acumulación de materia orgánica en cuencas lacustres. Ocupan los fondos de valles emplazados entre los Andes Fueguinos y representan antiguas lagunas formadas a partir del retroceso de glaciares, cuyo lecho fue llenado de arcillas y otros sedimentos. La variedad de colores y texturas de las superficies de las turberas son sumamente singulares.

Las condiciones bajo las que fueron formadas son singulares y están relacionados con bajas temperaturas, condiciones de anoxia (poco oxígeno), saturación de agua y escasa disponibilidad de nutrientes. Esta situación redujo drásticamente la actividad de microorganismos descomponedores como bacterias y hongos. De este modo, los musgos y otros organismos vegetales adaptados a vivir en tales condiciones no llegan a completar el mecanismo de putrefacción, acumulándose y sirviendo de sustrato a los nuevos seres. Turba es el nombre dado a la materia orgánica muerta en tales condiciones.

En algunos casos las lagunas no han sido completamente cubiertas por musgos y pueden verse espejos de agua que reflejan el color negro del fondo, como por ejemplo la laguna Negra del Parque Nacional Tierra del Fuego.

La condiciones de acidez y bajo contenido e nutrientes hace que las especies que crecen en este medio, posean adaptaciones que les permite tomar nutrientes de otras fuentes como es el caso del musgo Sphagnum que es capaz de vivir solo con los nutrientes aportados en las lluvias, o la planta carnívora Drosera, que se “alimenta” de insectos.

Los turbales aportan valiosa información sobre eventos climáticos pasados. Quedan muy pocos ambientes de estas características en el mundo, y están incluidos en la Convención sobre Humedales de Importancia Internacional (Ramsar). Además son importantes reguladores ecosistémicos. Son reservorio de carbono y agua. Contienen hasta 20 veces el volumen del agua almacenada en los glaciares de la isla.

Los turbales se clasifican según las plantas dominantes que los componen. Los más comunes se ubican en los grandes valles y están formados por Sphagnum magellanicum, que se destacan por la coloración rojiza. Están acompañados por Gaultheria pumila, Empetrum rubrum, Marsypospermum grandiflorumDrosera uniflora, entre otras plantas. En las turberas planas o minerotróficas, asociada principalmente a bosques de coigüe de magallanes, la especie dominante es Donatia fascicularis. Los turbales de carpeta son dominados por Astelia pumila, se ubican principalmente hacia el este de la estancia Moat, en Isla de los estado y en Malvinas. Además de especies vegetales, en la superficie de los turbales suele haber gran número de insectos, hongos y algas microscópicas.

La turba ha sido utilizada desde el siglo XII –principalmente en Europa– como combustible de alto poder calórico. A partir de 1930 se usó como sustrato de cultivos hortícolas intensivos. La turba formada por musgos del género Sphagnum es una de las más requeridas para ese propósito.

Además, se emplea como base sólida para inoculantes de leguminosas, absorbente de aceites industriales y de derrames de hidrocarburos, cama para cultivar hongos y como parte del manejo de acuarios. En las últimas dos décadas se le han encontrado nuevas aplicaciones.

Fuente: Borla y Vereda (2015) Explorando Tierra del Fuego. Manual del viajero en el Fin del Mundo. Editorial Utopías; Andrea Coronato, Claudio Roig, Jorge Rabassa, Juan Federico Ponce, Marilén Fernández (2014) Las turberas de Tierra del Fuego y el clima del pasado. Revista Ciencia Hoy Nº 137. Revista La Lupa 4: 2-7.